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November 02

El Banquete de Boda

   Estoy rodeada de gente que es feliz. Pequeños saltando alrededor de la mesa de las tartas.

Mujeres mayores alcahueteando sobre posibles embarazos. Chicas jóvenes soñando con caballeros vestidos de esmoquin, los cuales revolotean a su lado con sonrisa profident. Los recién estrenados consuegros echando cuentas de la boda. Y del viaje de novios. Los novios, evadidos, exiliados de la realidad bailando una canción movida como si fuera un vals. Mirándose extasiados con esa mirada de nuevo futuro. Uno que les espera en la vuelta de la esquina.

 

  Y yo sigo sentada en la mesa, llena de rodales de copas de vino, de trozos de trata y de serpentina. Una flor marchita se desprende del centro principal y va a parar al dorso de mi mano. La cojo y la estrujo, llevándome los dedos a la nariz. Y aspirando ese perfume dulce. Un placer, que dura un segundo. Lanzo la flor al centro otra vez. Y ahí se queda, como si ese fuera su lugar.

 

   Y yo me pregunto si el mío es este.

 

  Me dispongo a irme, la fiesta se vuelve íntima, tanto que me da la sensación de estar fuera de lugar.

 

   Suspiro y empiezo y me levanto. Echo una última mirada a la feliz pareja y sonrío. Ya me despediré más adelante, es tan bello que me da miedo romper tanta perfección.

 

   Me doy la vuelta y me encamino hacia la puerta. Mi vestido largo roza el suelo y los tacones se clavan cada vez más en mis doloridos tacones.

 

  Estoy a punto de salir… de volver a la realidad.

 

Y de pronto notó una caliente suavidad que retiene la mano. Me giro. Hallo una sonrisa.

 

-         ¿Bailas? – indecisa, mi cabeza me dice que me vaya, pero mis pies no se mueven…

-         Si - ¿Quién ha dicho eso?

 

 

    Y me dejo arrastrar al centro de la pista.

 

Por un momento pensé que aquel no era mi lugar… ahora sonrío

 

¿Y por qué no?

August 01

El Corazón del hada: 33. La Llamada

 

33. LA LLAMADA


La facultad de Filología estaba silenciosa y oscura. Parecía que aún había alguien de puente, incluso los profesores ya que la cafetería estaba solitaria a las 6 de la tarde.


  • Conocí a Vicent, dí un seminario con él – meditó Jordi – Pero ya hace años... estaba en el principio de la carrera y por aquel entonces ya era un hombre en edad de jubilarse.

  • Él fué el comprador del medallón. ¿Crees que podrías averiguar algo más de él mediante la universidad? - Preguntó Marteen. El profesor se frotó el mentón pensativo.

  • Puede que obtenga su dirección actual si aún vive, pero esta vez tenéis que tener cuidado, no podemos ir dejando muertos a nuestro paso.


Amalia se estremeció, en cierta manera, se recordó que a Almudena la habían matado por querer ayudarlos.


  • No te preocupes, la orden se encargará de eso – murmuró Marteen. - Protegeremos a Vicent y a todos los que vengan después.

  • Está bien... - asintió Jordi – Llamaré mañana a primera hora, espero que no se tomen las vacaciones tan en serio cómo aquí


Eso hizo sonreír a los jóvenes en mayor o menor medida.


Cuando salieron de la facultad, hacía frío. Alano pasó un brazo por los hombros de Amalia y esta se lo agradeció con una sonrisa. Marteen bufó y acceleró el paso poniendo distancia entre él y la “parejita”.


¿Por qué le molestaba tanto que la hada estuviera tan cerca del italiano?


Antes de coger el autobús a Amalia le empezó a vibrar su móvil. Eran sus padres, lo cogió


  • ¿Sí? ¿Hola mamá? - Marteen vió cómo el semblante de la chica se tornaba rígido. - ¡¿Qué?! ¡¿Cuándo?! Pero...- para entonces las mejillas de Amalia estaban surcadas de lágrimas. - Voy para allá. Mamá tranquila... cogeré el primer tren.


Amalia colgó, para entonces Alano ya la tenía abrazada


  • mi padre, mi padre... balbuceó – Marteen se acercó y le puso una mano en el hombro. Alano lo miró desafiante pero el Americano no la apartó. Amalia se separó de Alano y se abrazó a Marteen que no la rechazó. Sentía una ternura extraña por la chica.

  • Mi padre... está en el hospital... le ha dado un infarto. - Ella se sentía protegida y segura en brazos de Marteen.

  • Tenemos que ir a A tu casa – le susurró este

  • Si, tenemos que ir – apuntilló Alano.

  • No podemos ir los tres – Puntualizó Marteen

  • Pues tu haz lo que quieras, pero yo voy con ella – el Italiano lo miró desafiante. Amalia se apartó de los brazos del protector y dijo.

  • Marteen tiene razón, no podemos ir todos. Además tenemos que averiguar lo de Vicent. Alan, será mejor que me acompañe Marteen.


El Italiano se dió por vencido, hizo un gesto de excusa con las manos. Estaba resentido, él creía que a la chica le gustaba... y sin embargo prefería que la acompañara el “sabelotodo”, Que era un mero Guerrero de Aisling.


Durante el trayecto, apenas habló. Incluso rechazó las explicaciones y excusas que Amalia intentaba darle.


Incluso, cuando la chica empezó a meter cosas en una bolsa de viaje, Alano prefirió encerrarse en la habitación y poner música.


Amalia sentía que el italiano se había enfadado, pero en ese momento y sin entender todavía el porqué, había decidido que quería a Marteen a su lado en ese momento. Quiso llamar a la puerta, al menos para despedirse, pero algo se lo impidió.


  • Deberíamos marcharnos ya... - Apremió Marteen

  • Si... - y dicho eso se dió la vuelta y cogió la bolsa.


El muro de Marteen se había derrumbado por una esquina. Veía a la chica tan preocupada que tenía ganas de estrecharle su cuerpo y poder darle un poco de ánimo. Y en el fondo, se sentía bien. Amalia había decidido que fuera él quien la acompañara. También su ego le gritó que así Alano bajaría un poco los humos; parecía mentira que fuera primo de Felicia, con lo distintos que eran.


Bajaron la escalera en silencio, y el chico le abrió la puerta a Amalia que seguía sumida en sus pensamientos y tardó en advertir el imponente coche negro que estaba aparcado en la puerta.


  • Marteen... ¿pero qué...? - Susurró


Pero el chico se había adelantado y estaba intercambiando unas palabras con el hombre que esperaba al lado de la puerta del copiloto. Este, tras darle las llaves a Marteen y hacer un inclinación de cabeza dirigida a Amalia, empezó a caminar calle abajo.


El Americano abrió la puerta


  • Señorita...

  • Marteen, ¿Que es esto? - preguntó ella con la ceja amenazadoramente levantada

  • En coche llegaremos antes, y tu quieres estar cuanto antes ¿no? - contestó él con voz neutra

  • Eh... Si... pero... - sin embargo la urgencia de llegar a Albacete hizo que se subiera en el coche, que olía a vainilla como Marteen.


Este rodeó el coche y se sentó en el asiento del conductor.


  • Pilotas aviones, Conduces Cochazos, conoces un mundo pararlelo... ¿ Que me queda por saber de tí? - El chico sonrió y arrancó el coche con un suave ronroneo.

  • Te queda mucho por saber de mí... por ejemplo, que adoro a U2


Y dicho eso, encendió la radio y la voz de Bono inundó el coche. Mientras tomaban la calle princesa.


  • Vaya, por fin algo en lo que coincidimos – Ella intentó sonreir, y tras recostarse en el asiento, cerró los ojos. Sabía que su padre estaba estable, que no corría peligro, pero no sabía por qué tenía una sensación rara en el estómago. Algo que la hacía estar un tanto crispada y rara.


Felicia llegó un poco descolocada al Caiseal, era una especie de Moisés de las aguas. Ya lo que le faltaba. Ella que con 5 años casi se ahoga al caerse en una fuente. Sentándose en la cama soltó una carcajada.


En ese momento entró Zeida en la estancia.


  • Grian na – Dijo con una inclinación de cabeza

  • Zeida, por favor pasa quiero contarte una cosa. - y dicho eso cogió de la mano a su maestra – me ha pasado una cosa muy curiosa...

  • Lo sé... eres una Cork, ¿que esperabas? - rió ella – Los Cork eran muy poderosos, sólo que no sabemos aún cuantos poderes de ellos van a despertar en tí. En el mundo “real” a veces, los sentidos quedan tan dormidos que nunca se recuperan. Pero tú, desde que pusiste el pie en Aisling, no dejas de despertar sentidos dormidos.

  • ¿Hay algo más que deba saber? Lo digo para que cuando pueda volar no me sorprenda – dijo ella riéndose.

  • ¿Quien Sabe?... - contestó Zeida pensativa, consciente del poder de la muchacha – quien sabe... En fin... más cosas y menos tiempo – dijo rascándose la barbilla pensativa.



Llegaron al Hospital de Albacete apenas una hora y media después.


  • Te van a quitar puntos del carnet – dijo ella, intenado aparentar normalidad mientras bajaba del coche. Marteen sonrió a su estilo: subiendo un lado de la comisura derecha del labio. Se apresuraron a entrar en el hospital. Y preguntaron por el padre de la chica.



Cuando llegaron a la tercera planta. Se encontraron a la madre y a un hermano.


  • ¡Mamá! - Amalia corrió hacia su madre que la recibió con los brazos abiertos. Marteen se quedó a una distancia prudencial. - ¿Cómo está papá?

  • Está bien, hija. Estable. - mientras le decía eso (nombre madre) le acariciaba el pelo.

  • Menos mal... El hermano (Nombre del hermano) se adelantó y le dió un abrazo.

  • No deberías de haber venido Ami...

  • Si claro... me quedo preocupada en Madrid ¿no?

  • ¿Quien es ese? - le preguntó su ¿?

  • Es un compañero de la universidad. Me ha traído.


Marteen estaba a una distancia prudencial del la familia. Pero lo suficientemente cerca para observar fijamente a la madre y al hermano de la chica. Ninguno de los dos parecía saber, ni suponer qué era su hija. Marteen intentó encontrar algunos rasgos comunes. Emplear sus conocimientos para captar la magía del ambiente. Pero solo captaba la de la muchacha...


  • ¡Marteen! - lo llamó Amalia. El se acercó automáticamente y saludó con una sonrisa y un asentimiento de cabeza. - Quiero presentarte a mi Madre, ¿? y a mi Hermano

  • Gracias por Traerla – dijo ¿? dándole dos besos.

  • Ha sido un placer. - dijo él.

  • ¿Puedo ver a papá? - preguntó Amalia ansiosa.

  • Si, si, en cuanto salga el médico.


El hermano de Amalia miró de reojo a Marteen que volvió a colocarse en su posición inicial.


El médico salió y pudieron entrar a ver a “manolo”. Este abrazó a su hija.


  • Amalia estoy bien, no te preocupes es un poco de achaque nada más.

  • Si – el médico asintió – esta misma tarde puede volver a casa pero tiene que seguir las indicaciones al pie de la letra y hacer caso a todo lo que le he dicho. - dicho eso, se despidió y salió de la habitación.


Amalia, aunque sabía que estaba en familia, sentía algo extraño. Como si no perteneciera a la familia. Como si ellos fueran extraños

¿Sabían quien era ella? ¿ eran ellos también algo más que simple personas?. Esto hizo que empezara a pensar en cosas extrañas sobre ella y los que la rodeaban.


Cuando salió de la habitación miró a Marteen y él le devolvió la mirada. Entonces lo supo. Supo que había algo que no encajaba allí. Sentía como si no encajara con su familia. Marteen lo había descubierto sólo unos minutos antes.

April 20

La Dama del Lago... Un sueño..

Profundo Hecho historia
 
 
Ella observaba el Horizonte con una mezcla de añoranza y esperanza, le había dicho que iba a volver... Pero los días se hacían noches, y estos... madrugadas.

El lago, a sus pies... reposaba cómo un cristal plateado, en calma, aguardando.

Y entonces recordó...

Aquella vez en la que emergió de él, blanca y pura. y él le tomó la mano, y la besó con ternura. también recordó cómo aquellos ojos azules, le habían hecho el amor encima del rocío de la mañana... en la tundra. los Leprechaun echaban monedas doradas a su alrededor, las hadas cantaban en gaélico con voz de pájaros.

y tras aquel último beso, se la llevó al castillo. Aunque ella al principio se resistía a dejar su lago... su esencia. pero era tanto el amor que sentía, que se dejó arrastrar... llevar en volandas... protegida por besos y promesas.

Al principio estaba asustada de todo lo que allí acontecía... de la gente, de los hombres, de los muros y los altos castillos. pero él la protegía con sus palabras y sus brazos... con sus promesas y su amor.

Y ese amor creció día tras día... hasta que la semilla se hizo flor y el vientre de la muchacha empezó a redondearse... y la felicidad se instaló en su pelo, en su cara, y en el corazón de los jóvenes.

Pero un día de tormenta, él tuvo que partir, con dureza en la mirada. ella lloraba transmitíendole su terror. él le dijo que era su deber para con su pueblo... que volvería... y volvería para estar con ella y con el fruto de tanto amor.

Beso sus tiernos labios por última vez, y la tripa de la dama, que emitió un cosquilleo divertido.

y Partió, y se fué...

y desde entonces la dama estuvo esperando, fiel, su regreso...
desde la montaña... desde el lago.

Pero una lluviosa noche lo supo. él había muerto, y con él su esperanza. empezó a correr empapada por la lluvia, saboreando sus propias lágrimas. y algo se rompió... y algo se fue... dos vidas. la túnica blanca se tiñó de rojo... sus piernas sangraban, lloraban lágrimas sangrientas.
y llegó al risco... ¿Qué le quedaba? Nada

Y mirando por última vez al horizonte, desde dónde había esperado tantos días... tantas noches.... tantos amaneceres y anocheceres. Vió el lago a sus pies, muchos metros más abajo...

y voló. y en la caricia del viento, sintió las manos y los labios de su caballero... y rompió el cristal... y volvió a las profundidades... de dónde nunca debió haber emergido...
 
 
11LadyLakelady_lake
April 17

El Corazón del Hada 32: La Dama del Lago

 


32. LA DAMA DEL LAGO


  • ¿Cuánto llevas espiándome? - preguntó Amalia con el corazón desbocado y enfado en su voz.

  • Mmm lo suficiente para ver que has hecho los deberes... - Marteen despreocupado, se sentó en el borde la cama de ella. Sus cabellos mojados parecían más oscuros. Y en contraste, sus ojos más azules.

  • ¿No te han enseñado que eso es de mala educación? - dijo ella, volviéndose hacia el ordenador.

  • ¿No te han dicho que es de mala educación espiar a los demás mientras están durmiendo? - aunque su rostro era serio, ese comentario tenía un deje burlón.


Pero consiguió su propósito: la chica enmudeció.


  • Bueno, es que ayer... quería decirte que había encontrado algo pero... después de.. todo... se me olvidó – aunque se moría de ganas de preguntarle dónde había estado, no se atrevió -... y luego te fuiste.

  • Si, las cenitas románticas no son de mi agrado – ella abrió la boca

  • ¡No era una cenita romántica! - se defendió. ¿por qué le molestaba tanto que Marteen pensara así?

  • ¿Ah, no? - el chico sonrió – Pues el “Latin lover” seguro que no pensaba lo mismo.


  • El “latin lover” se ha despertado y tiene ganas de partirte la cara – la voz de Alano se oyó por toda la habitación. Estaba en el marco de la puerta con el rostro y los puños crispados.


Marteen se levantó, le sacaba una cabeza, y medio cuerpo a lo ancho. Amalia creyó que era el mejor momento de intervenir. Se puso entre ambos.


  • Muy bien gallitos, ya habéis demostrado que teneis unos huevos como los de un avestruz, y que los dos podeís haceros un mapa en la cara el uno al otro pero... tenemos cosas que hacer, un reino que salvar... no sé esas cosillas – cogió a Alano del brazo y pese a que se resistió un poco logró llevárselo a la cocina. No sin antes lanzarle una mirada de advertencia al Protector. ¿dónde estaba Felicia cuando se la necesitaba? Ah... si.. en el mundo de las hadas.



Cuando llegaron a la cocina, Alano se destensó un poco.


- Algún día va a conseguir que le parta la cara.


  • no os conviene ser enemigos, siendo del mismo bando. - dijo la chica, aunque había algunas veces que se la partiría ella misma – anda síentate que te voy a contar lo que he averiguado...






Sean salió del Castillo, no era aconsejable dejar sóla a Felicia aunque fuera dentro de La Fortaleza. Y comenzó andar, no era difícil seguir el rastro de olor a violetas dejado por la chica. Él sabía que la noche anterior se había portado muy mal y quería disculparse. Pero también dejarle claro que debían guardar las distancias. Que era por su propio bien, que aquello era imposible. Sus pies se encaminaron hacia el Bláthlaoch. Y justo cuando llegó, se quedó petrificado. Parecía una diosa... encima de las aguas. Pero... una diosa asustada.


Felicia no se atrevía a dar un paso, estaba suspendida encima de las aguas. Suspiró e intentó volverse para regresar a la orilla. Si el corazón no se le salía antes del pecho. Poco a poco empezó a girar. El agua era como un colchón mullido y fresco. Alzó la vista y vio a Sean en la Orilla con cara de asombrado. Pese a todo su propósito de mostrarse fría y distante, se alegró de verle


  • ¡Sean!


El muchacho la miraba embobado. Estaba especialmente bella con el cabello suelto y los labios rojos en un mohín.


  • ¡Sean! - volvió a la realidad.

  • Feli... ¿ Qué... haces ahí?

  • No lo sé... yo iba andando y de pronto cuando me he dado cuenta estaba... ¡enmedio del lago! - Sean sonrió. La escena era de lo más gracioso.

  • Bueno... pues.. no sé.. mmm intenta volver.

  • ¿Cómo? - su voz era angustia.

  • Pues, cómo has ido.

  • ¡Pero estoy caminando por encima del agua Sean! ¡Esto va en contra de toda lógica! El agua no puede sujetar a una persona. - casi gritaba.

  • Pero Feli... tu no eres una persona. Eres un hada.

  • ¡Ah! ¡Muy bien! ¿Y se puede saber porqué nadie me dijo que podía andar por encima de las aguas? - la voz se había tornado sarcástica. Lo que produjo que Sean riera.

  • Bueno, no todas pueden pero está claro que tu sí... -

  • ¡NO TE RíAS! ¡Y ayúdame a salir de aquí! - la verdad es que la situación era de lo más cómica. Pero a Felicia en aquel momento no le hacía ninguna gracia.

  • De acuerdo... de acuerdo. - Sean se acercó lo más que pudo a la orillas hasta que la punta de sus botas rozaron el agua. - Tienes que ir viniendo poco a poco hacia a mí, sin pensar que estás andando encima del lago.

  • ¡Si Claro! ¡Como si eso fuera tan fácil!

  • ¡Feli! Es importante que no pienses, dónde estás y que no te desconcentres

  • ¿Por qué? - dijo ella vacilando. ¿Por qué no debía desconcentrarse? En ese momento empezó a temblar al ver que el agua cedía bajo sus pies

  • Pues porque si te descon... - ¡Chof! La dama del lago desapareció en el lago con un gritito agudo...- ...centras te caerás – terminó Sean con la boca apretada para no echarse a reír.


Esperó a que Felicia emergiera, seguro que volcaba todo su enfado con él. Pero el agua volvió a ser cristal. Sean se inquietó. Se metió en el lago dándole igual los pesados ropajes que llevaba. ¿dónde se había metido? ¿se habría ahogado?. Ese sentimiento lo estranguló y metió la cabeza en el agua fría.


De pronto alguien le cogió de una pierna y le arrastró. Pensando que era un pez o incluso algo peor se revolvió y se dispuso a lanzar uno de sus hechizos cuando vio que la Hada se reía de su cara de susto.


Ambos emergieron. Ahora era ella la que estaba riendo y era él, el que tenía el ceño fruncido con el agua goteándole por los cabellos.


  • ¡Ja ja ja... vaya cara has puesto! - dijo ella echando la cabellera hacia atrás

  • No me hace Gracia Felicia, podrías haberte ahogado

  • eso pensé cuando caí pero de pronto me dí cuenta de que podía respirar tranquilamente bajo el agua. - se encogió de hombros

  • ¿Respirar bajo del agua? - Sean estaba estupefacto.. eso era Magia avanzada. Y una Siog Grian no... no solía tener esos poderes.

  • Ajá... estoy flipada – y dicho eso volvió a sumergirse.


Sean se quedó allí con el agua llegándole al pecho, la ropa mojada y pesada, y algo que no llegaba a comprender. Se arrastró hacia la orilla y se dejó caer en la tundra.


Al poco salió el hada, como si de una aparición en el lago se tratarara. El sol lanzaba destellos de su pelo y vestido, así como las gotas resbalaban con ternura por su piel. El pelo se secaba a cada paso... para cuando alcanzó la orilla. Estaba seca cómo si no hubiera estado nunca en contacto con el agua.


Felicia maravillada se miró las manos, se tocó el pelo vaporoso.


  • No me lo puedo creer... - se dijo - ¿Tú lo sabías? - interrogó al chico.

  • No... las Sioga Grian son de luz , no de agua...

  • ¿ Entonces como es que puedo hacer esto?

  • No lo sé... creeme que no lo sé – suspiró. Se estiró a secarse al sol. Por un momento había olvidado los acontecimientos del día anterior. sonrió


Felicia se debatía entre si quedarse allí o irse, porque aunque estaba alucinada con todo lo que le había pasado, y deseaba quedarse al lado del chico, no olvidaba el tratamiento de la otra noche, sin dar explicaciones.


Cuando Sean abrió los ojos y fue a hablarle, ella.... había desaparecido.

April 08

El corazón del hada 31: Juguemos...

 

31. JUGUEMOS...



Amalia se fue a dormir sin saber nada de Marteen.


Alano se fue a dormir con una sensación rara en el estómago.


Marteen llegó a casa cuando ellos dormían.



Felicia, estaba sentada en su cuarto, viendo la lluvia caer. Los truenos y relámpagos resonaban a lo lejos. De pronto su “principe” se había tornado hosco y esquivo. Estaba segura que de algo le pasaba. Aquella mañana, aunque distante, había mostrado una cara relajada. Y cuando volvió... le recordó a Marteen. Sus facciones en una mueca imperturbale, dura, un escudo contra los demás. Cuando le había comunicado a Albee la escena, la madre, la miró compasiva y le dijo:


  • No te preocupes Felicia, no es por tu culpa. Sean está pasando por momentos difíciles. Y ahí había acabo aquella conversación. No dijeron más durante la cena, Albee intentaba hablar de otras cosas, pero Felicia no estaba por la labor.


Poco después de un silencio prolongado, la muchacha se levantó


  • Creo que voy a subir a la habitación – dijo, intentando sonreir.


Albee asintió. Con comprensividad. Y Felicia abandonó el salón, con el temblor de un trueno.



Sean estaba estirado mirando al techo. Fuera la lluvia repiqueteaba en las ventanas. Pero él la sentía dentro, al lado de las costillas. Cada lágrima del hada, le desquebrajaba su armadura. Recordar la cara que había puesto cuando él se había marchado de aquella manera... Pero no podía hacer otra cosa. Pasara lo que pasara, su pasado había vuelto, tan terrible y dolorosamente. Aunque había sido perdonado por sus padres, sus amigos, su gente... él no se había perdonado. Tampoco lo tenía superado, porque aunque había conseguido apartarse de la llamada sensual de la Dorchada, la había besado buscando aquellos días en los que dejó de ser niño. Y eso le repelía de sí mismo, y de tener ningún contacto con la hada. Aunque le dolía que ella lo estuviera pasando mal. No comprendía, no podía comprender.


Felicia, se había metido en la bañera, y el agua se mantenía caliente. Era otra vez lo mismo: al final, el interés era fingido; al final, la que siempre acababa pasándolo mal era ella. ¡ y ya estaba harta!. Se incorporó, el agua le caía por el pelo y el cuerpo. Ella era una mujer del siglo XXI, ella era una hada. ¿Quería Sean que se apartara de ella? ¿Quería jugar?.


  • Pues bien... juguemos –se dijo. y su cara se tornó de consternada a desafiante;


Y la lluvia dejó ,de pronto, de caer.


Amalia se despertó con una pesadilla, volvía a tener frío. Se cubrió con el edredón hasta la cabeza e intentó volver a dormir, pero no pudo. Tenía muchas cosas en la cabeza, y aquel sueño:


En el que ella estaba perdida en un bosque, buscando a Marteen por todos lados, él había desaparecido, ella estaba sola, tenía frío y miedo. Una sombra amenazante se acercaba cada vez más a ella, una mano que le impedía respirar...


Se levantó, estaba amaneciendo. No tenían clase hasta por la tarde, pero debía acabar de pasar lo que había escrito del trabajo. Entonces lo recordó, y cómo un rayo se dirigió al ordenador. Con todo el lío del día anterior, no les había dicho a los chicos lo de Vicent. En cuanto se levantaran, se lo haría saber. Se detuvo frente a la puerta de Marteen... aún sin saber si había vuelto, o dónde habría estado. Una sensación de rencor le subió por la garganta y tras zarandear la cabeza un par de veces, se dirigió al ordenador.


Marteen, se levantó con un regusto amargo. Por una vez había perdido el control, y por una chica, ni más ni menos... no, mejor dicho, por un hada. Se pasó una mano por la cara y dejó que la incipiente claridad, le devolviera la fuerza que había perdido con sus pesadillas. En ellas, no veía nada. Por eso eran tan agobiantes, sólo una bruma de espesa niebla gris. Apartó las sábanas y se incorporó. El sudor hacía que la piel pareciera aceitosa, salió de la habitación sin hacer ruido y se metió en el baño cerrando la puerta tras de sí.


Amalia no había oído la puerta cerrarse. Estaba navegando por la red, recabando información sobre Tomás Vicent. Por una vez, ella se iba a adelantar a todo y a todos...


Encontró lo que buscaba, pero mucho menos de lo que había esperado. Vicent era profesor de Historia Inglesa en la Universidad de Valencia. Al menos lo fué entre los años 50 y 90. se jubiló en el 96 con casí 70 años, de estar vivo tendría 80 años. Había indagado sobre todo en el folklore de los países de habla inglesa, y era un gran coleccionista. Tenía algunos estudios sobre los mitos y leyendas artúricos. Pero nada más. ¿Qué esperaba encontrar Amalia? No lo sabía bien. Se pasó las manos por el rostro y se presionó los ojos. De repente, la bombilla de las ideas se iluminó: seguro que Jordi sabía algo. Y con esa resolución se dió la vuelta encontrándose la cara de Marteen a sólo unos centímetros de la suya. Ella se sobresaltó ¿Cuánto tiempo llevaba ahí?


Felicia se puso el vestido plateado que le caía en cascada hasta los tobillos. Le gustaba, era fino y ligero; había aparecido no hacía mucho en el armario. Por una vez dejó que su pelo, ya mucho más que largo, cayera en bucles por la espalda. Y se pintó los labios de un rojo amapola. Se miró al espejo y sonrió


  • ¿Durante cuánto tiempo vas a resistirte Sean O'Brien? - en ese momento un rayo de sol se coló por el ventanal y arrancó de su pelo destellos de fuego.


Bajó las escaleras cómo si flotara, dejando un rastro a su paso de olor a violetas. En el salón estaba Albee, que cuando la vió enmudeció.

  • Albee voy a dar una vuelta, no me alejaré – dijo resuelta

  • Eh... de acuerdo... muchacha -


Sonrió a la mujer y salió al día, el sol secaba ya los restos de la lluvia, empezó a caminar, dejando que sus pies la guiaran. Disfrutando del calor y la luz que entraba a raudales en su cuerpo... y caminó y caminó...


Era la tercera vez que Sean se metía en la ducha y restregaba bien su cuerpo. El sol brillaba inusualmente, y eso le intrigaba. ¿Qué había pasado para que, de pronto, Felicia estuviera tan feliz? Por un lado, eso le agradaba, no quería que la chica sufiriera; por el otro, le intrigaba.


Tras vestirse, bajó al salón. Su madre tejía con hilos dorados...


  • Buenos días madre... ¿Tú sabes...? - la sonrisa de la mujer fue todo un misterio.

  • Ha salido hace un rato, iba radiante y hermosa.. tu... ¿le has hecho algo? - Sean levantó una ceja en señal de sopresa.

  • No, no la he visto desde... anoche – y dicho eso se sentó abatido al lado de Albee – madre...

  • Shhh...- ella le puso la mano en el brazo de él. - no digas nada, olvídalo cuanto antes... - Sean se la tomó y la besó

  • Gracias madre... ¿Sabes dónde ha ido? - ella negó con la cabeza y volvió al tapiz.



Sean suspiró y salió de la estancia, el sol le cegó cuando llegó al jardín.



Felicia había caminado sin pensativa sin agachar la cabeza ni mirar a su alrededor. De pronto se dió cuenta de que sus pies estaban en una superficie blanda y... ¿Mojada? Miró hacia abajo, y lo que vió le resultó inverosímil e increible. Se quedó quieta y helada, paseando su mirada su alrededor. Y por último se volvió a posar a sus pies... estaba de pie en medio del lago. Suspendida en la superficie.

 
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Sari